Hoy parece ser un buen día para mirarse el ombligo.
Por fin un domingo para observar el techo, para arreglar mis uñas, exfoliar el cuerpo, hacer un masaje capilar, para caminar descalza el día entero. Un día para mí.
En eso estoy cuando veo unas sutiles marcas en mis piernas, ya ni recuerdo de
dónde vienen, de las salidas al cerro lo más probable, miro mi rodilla y ahí está esa casi imperceptible cicatriz que quedó al caer mientras jugaba en la pileta del colegio de mi primo, con suerte tenía 10 años. Me observo al espejo y en mi frente hay una marca pequeña... "Peste cristal", recordé. Levanto la polera y sobre mi estómago, permanece la otra huella de esos días llenas de granos, con la pieza a oscuras y más enferma de las semanas de aburrimiento que de la peste misma. Volteo mi mano y está esa cicatriz que odié tanto cuando niña y que quedó después que la esquina del fierro de las cortinas fuera a dar directo a mi mano, recordé cómo sangraba sin parar y el rostro asustado de mi padre al ver el desastre que hice en un par de minutos.Cicatrices... marcas que quedan en nuestra piel producto de algún evento en particular.
Con el tiempo, he descubierto que adoro esas sutiles cicatrices. Tengo una debilidad particular por aquellas marcas pequeñas, marcas con historias. Aquellas productos de los juegos de niños son mis preferidas.
Me encanta observar las pequeñas cicatrices de un "Él", mirarlas con detención, palparlas, contarlas, memorizarlas, preguntar una y otra vez qué historia guarda cada una de ellas. Con el tiempo, algunas se tornan mis favoritas y otras, prefiero no recordarlas, omitirlas... simplemente olvidar que existen.Algo similar sucede con los tatuajes, me gustan sus historias, sus momentos, sus significados, aún cuando lo más probable es que al día siguiente los olvide, pero me encanta volver a descubrirlos.
En eso estoy, recordando marcas, cicatrices y tatuajes que han quedado guardados en la memoria y en la piel, y no puedo evitar pensar en aquellas otras que llevo dentro, aquellas que no se ven pero que sin duda han quedado plasmadas en mi propia historia.